jueves, 22 de enero de 2009

uf, que alguien limpie el fondo de esta piscina

Qué manía esta ciudad con sus opacos cielos blancos... así no se puede respirar, ni sonreir, ni nada... yo necesito ver el cielo para extender las alas. De verdad que me agobia el cielo blanco porque no sabes dónde está el borde. Quiero decir, que no puedes saber cuánto espacio queda entre tú y el fondo del cielo con lo que no puedes saber cuánto aire cabe... a mí eso me asfixia un poco, bueno, un mucho... me genera una presión en el pecho que no me deja respirar con soltura. Y me salen sarpullidos en la mirada, y se me acartona la carcajada, y me duelen los resquicios de la esperanza, y... ¡hasta dejo de canturrear en voz baja! ¿Cómo se puede sonreir si te cuesta respirar?
Es como bañarse en un río el día después de una tormenta. Aunque el agua esté marrón sabes que está limpia, pero no ves el fondo y aunque sepas q entre tú y el lecho no puede caber nada muy grande, da miedo. Te bañas, pero te bañas con vértigo, con la sensación de que "algo" te va a tocar. Y de hecho vas con los brazos y las piernas bien en paralelo a la superficie del agua, nadando a una peculiar braza que dice "qué demonios habrá allá abajo, no quiero rozar nada solido, gracias".
Y así ando yo, que no quiero mirar hacia arriba porque me impresiona ver que no veo, que no veo nada.
Los rayos gamma son la radiación electromagnética que desprenden las partículas radioactivas (Wikipedia dixit). Debido a las altas energías que poseen, los rayos gamma constituyen un tipo de radiación capaz de penetrar en la materia más profundamente que cualquier otra radiación (rayos X, alfa...) Yo necesitaría una visión de rayos gamma para días como hoy. Suena Beck, Gamma Ray.
Giro la cabeza, cual niña del exorcista desde la mesa de la oficina y no logro ver el azul. Y por más que giro la cabeza, lo único que consigo es un tirón en el cuello. Y suspiro como si me fuera la vida en ello. Y subo un poco más la música a ver si eso me abre los bronquios atascados en esta quietud opresiva. El blanco es el color de la ausencia. Alguien se equivocó cuando estudió la composición de la luz.
El azul es el color del espacio a través de la atmósfera. Cuando lo veo sé que estoy viendo el fondo del río y eso me demuestra que hay sitio más que de sobras para todo el oxígeno que necesito. Y ya no me da miedo nadar a braza, o a espalda, o bucear por mis sueños, o zambullirme hacia arriba a ver si rozo las nubes, porque me rodean quintales cúbicos de aire respirable. Porque yo necesito mucho oxígeno para entrar en combustión, y sin oxígeno no se puede arder, y si yo no ardo me enfrío... y si me enfrío... si me enfrío... mmmm... ¿tengo mocos?

miércoles, 7 de enero de 2009

Sin chaqueta y con los brazos al viento

Inasequible al desaliento.
Que no se llama apatía, ni egoísmo, ni inconsciencia, ni falta de responsabilidad, que lo mío se llama alegría por vivir. Pase lo que pase, todo es positivo mientras haya vida. Si es que no me canso de decirlo. Y ojo, que soy consciente de que lo mío es de admirar. Ni yo misma entiendo cómo le sigo sonriendo a la desgracia con toda mi cara, bonita. Bueno, quizás por la desgracia no existe. No al menos en mi vida. Cuenta, mirando las imágenes de la escuela de Gaza, quién tiene narices para quejarse de los designios de su fácil y dulzona vida occidental.
¿Maltratos? Nos dieran un máster con sus nueve años los ojos negros que nos agarran desde las fotos de Sebastião Salgado.
¿Abusos? Sin palabras tras el burqa de las niñas afganas.
¿Quejarnos? No deberíamos sólo porque, al menos, nosotros podemos. Y deberíamos antes hacerlo por ellos, que por nuestros destinos enteros.
En este mundo de locos nos tocó vivir sin chaqueta de fuerza y eso de por sí es una gran suerte.
Vivimos mejor de lo que merecemos. O tampoco es eso. Merecemos vivir lo que tenemos, pero estamos obligados a valorarlo y a no hacer dramas de pequeños contratiempos que de ninguna manera pueden enturbiar las aguas de nuestro ario, europeo, sencillo reflejo. Que no me quejo. No porque no quiera, sino porque no puedo. Que me sale sólo, porque si de mí dependiera, yo creo que alguna vez me hundiría, pero chico, yo me dejo arrastrar por mi infinito agradecimiento, que ni tan mal.
Podría decir que este año los reyes se han portado requetemal conmigo. Me trajeron otro tímpano roto (ya me jode ser cada día más sorda), un vacío en mi corazón y una compañera de piso mudada en 24 horas al norte. Y por si fuera poco, frío y nieblas. Y yo que me veía así un poco en el aire inestable, me planté en casa de una amiga, con mi sordera, mi mareo y mi fiebre bajo el brazo porque pasaba de comerme la olla con tanto revés solita en casa. Es que Ona me da mucho amor pero conversación lo que se dice conversación, más bien poca.
Y aquí ando, de vuelta al tajo, con menos ganas que antes, si cabe. Pero fuera el sol ilumina los tejados de uralita de las naves cercanas y me reflejan la pantalla. Que no veo ni pijo, pero me da igual porque tampoco es que me esté matando a trabajar. Y el cartel de SALIDA que pende sobre la puerta está caído del lado derecho y cada vez que lo miro me hace reir porque no sé si me está llamando "salida", o me está llamando a salir a escape de este trozo de irrealidad asumida.
Me gusta la oficina cuando está vacía porque parece que está uno más en casa todavía. A gustito.
Y ando a vueltas con el caralibro, que es un saco de sorpresas. Pienso nombres de gente a la que hace años que no veo y los escribo en la cajita blanca de arriba y espero a ver qué pasa. Y, caray, no sabes cuánta gente está aquí metida (aseguran que más de 150 millones de usuarios en el ancho mundo). Pero no me atrevo a agregarles porque aún no me quiero tanto ni estoy tan segura de todo y me da mucha vergüenza, así en general. Pero les miro los amigos, a ver si reconozco a alguien. ¿Te imaginas?. Y luego me da por pensar que alguien haya hecho eso conmigo en alguna ocasión. Pero también me da por pensar que quién diantres se irá ahora a acordar de mí, si tantos años han pasado, y para qué. Porque yo tampoco sé para qué busco a la gente. Porque soy una cotilla, intuyo. Para ver qué pinta tienen, igual. Lo más cutre es que no me atreva a dar señales de vida. Me siento un poco espía.
Últimamente me ha dado por buscar a los del cole. Desde que reapareció Begoña en mi vida, me ha vuelto esa fiebre del "vamos a juntarnos los del cole en una cena-remember" que parecía ya escondida. Se abrió el cajón y con él un armario entero de recuerdos. La mayoría preciosos como un día de verano en una isla. Los malos, dentro de mi especial estilo de vida, han sido borrados sin dejar huella alguna. Juro que no recuerdo nada malo de mis días de colegio. Y si algo malo había, ya muté la tragedia en alegría. Que no digo que no tenga malos recuerdos de mi infancia. Millones. Pero ninguno en el colegio, pues era mi válvula de escape, el lugar donde me sentía libre y viva. Me pregunto si todos guardamos ese recuerdo magnífico del Eliseo Godoy o soy yo que me paso de optimista. O de lista...
Y ¿mañana? mañana sol... y buen tiempo!

jueves, 4 de diciembre de 2008

invierno es un tipo frío

Otra vez estos capotes encielados, otra vez estos agobios nubosos, este helado friador que desalma ni ánima. Cuán difícil es sonreir en invierno.
La piel tirante de mi cara maltratada por el viento no quiere hacer el esfuerzo de estirarse, oculta tras el impertérrito palestino que no me acompaña a la cama porque temo ahorcarme con él, que si no dormiríamos juntos.
Suena "Enero en la playa"... ójala pudiera hacer ambos viajes, el que me devuelva al mar, y el que me traslade a las noches pegajosas del verano junto al Mediterráneo. A veces me arrepiento de haberme alejado de él. A veces me arrepiento de cosas, pero sólo me dura un rato.
A veces hace tanto frío que me arrepiento de haber vendido el coche en vez de la moto. Es sólo unos minutos, después caigo en que tendría que haber vendido tres motos como la mía para conseguir el dinero que me dieron por el pobre Toledo. Cada vez que me cruzo con uno verde, le busco la matrícula, con la esperanza de volver a verlo. Y no es tontería, a Pedrito (el primero, el corsita) me lo crucé varias veces. Un día lo ví aparcado y me acerqué a preguntarle qué tal. Me habló bien de su nueva dueña. Le dejé una notita en el parabrisas agradeciéndoselo. Cuando vendí a la Golfa en Barna, la seguí buscando por los semáforos, en las rondas... pero no volví a verla nunca más. Aún la echo de menos. Sobre todo en invierno. En verano no añoro en absoluto su refrigeración estropeada durante tres años, que me obligaba a ir con la calefacción a toda leche para que no ardiera el motor; madre mía qué viajecitos a las tres de la tarde que nos daba la tía...
Parece mentira cómo se llega a personificar a estos objetos que nos acompañan en nuestro día a día. Del mismo modo que personificamos a los animales. Del mismo modo que personificamos a los jefes, incluso...
O personificamos las estaciones. Yo con el invierno tengo una "relación" muy difícil. Me quita mucho más de lo que me da. Especialmente en salud. Pero sin embargo, es en este mes donde se acumulan muchas de las fechas que más me gustan. Qué ironía. Mi cumpleaños, las navidades, el año viejo/nuevo, la noche de reyes (que desde que tengo sobrina, vuelve a tener magia), el cumpleaños de mi abuela, la super-cena familiar que ofrece mi madre cual Isabel Preysler de postín... y la festividad de San Valero rosconero, que me encanta por ese nombre tan sonoro y pachanguero.
Así que aquí estoy, con el cuerpo a bajo cero, intentando convencerme de que Invierno en realidad me quiere, pero que tiene esta manera un poco fría de tratarme porque tuvo una infancia terrible y no se expresa con la calidez debida. Pero hay que darle tiempo, en cuestión de unos meses ha aprendido la lección y pasará de soplarme a la cara como si yo fuera un vulgar chucho, a darme cálidos abrazos y lenguetazos en las axilas... mmmm, qué bella imagen.
Os dejo con ella.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Cuentas a infinito

Al final logré que entendiera que es de buena educación despedirse de la gente cuando uno se va. Lo que no entendió quedará sin ser entendido. Tampoco era tan necesario. Creo que lo importante quedó dicho y hecho. Creo.
Sé que notaré este vacío mucho tiempo. Pero también sé que me siento bien hacia él y él se sentía bien conmigo. Eso es mucho más de lo que podré decir jamás, probablemente.
Alguna vez me dijo que no lo merecía. Y yo pensé mil veces que yo a él menos. Y quizás no sea cuestión de merecer o no merecer, uno recibe lo que el otro quiere dar y da lo que le sale ofrecer. Yo no doy a cambio, ni recibo quedando en deuda. Disfruto de lo que espero y no llega incluso, porque eso abre la puerta a que llegue lo que no imaginé. Él me hizo muchas de esas. Nuestras cuentas quedaron a cero. O mejor dicho a infinito, que es más bonito.

Ahora aparecen esas cosas en las que uno no pensaba. Ese momento del "esto me lo quedo yo", "¿no quieres guardarte esto?". Me quedé fotos, un pañuelo que no le vi puesto jamás y la bufanda que no se quitaba ni para comer. Y un folio doblado por la mitad con greguerías y un poema. ¿Cuántas veces puedo redescubrir a mi abuelo?
En mi estantería descansan sus recuerdos. Ahora cuidaré yo de ellos.
Detrás vendrán otras cosas que ahora no quiero ni plantearme. Tendré que enfrentarme a sus recuerdos, a sus miedos, a mis recuerdos, a los recuerdos de mis miedos, a los recuerdos de mis recuerdos y a recuerdos que se tornarán en miedos, en situaciones y personas reales. Pero sobre todo, a mis sentimientos. Algunos voy a tener que desempolvarlos y volver a digerirlos con mi estómago de adulto en ciernes, a ver si la cosa mejora un poco. No sé qué saldrá. Lo único que tengo claro es que cuando me ponga, voy a tener una serie de digestiones pesadas... Haré acopio de almagato.
Mientras tanto, sus caritas me sonríen desde la estantería y me ayudan a hacer más fácil el trago de dejar pasar a mi abuelo por mis venas para perderse con el viento que azota mi cara en este invierno largo y estrecho.
Cuando pueda mirarlas de cerca, os colgaré sus fotos.
Gracias a todos por haber estado a mi lado, aunque las palabras jamás puedan expresar lo que siento y lo que pienso, nunca me cansaré de repetíroslo. Os quiero mucho y de verdad, que haga lo que haga, no os merezco. Aunque lo cierto es que ni lo pretendo. No puedo. Por alguna razón que sólo vosotros sabéis estáis siempre a mi lado. Gracias, gracias de todo corazón.
GRACIAS a todos, todos...


PD. Si alguno ha entrado antes, sabrá que la fecha no corresponde con el día que lo he colgado. Sin más.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

encerrada

Me siento encerrada. Queda un cuarto de hora para que dé la hora a la que me voy a ir, que no coincide exactamente con la hora a la que me tendría que ir, pero me da igual. He comido un cutre-sandwich de máquina para ganar tiempo y me voy antes. Al que no le guste que me lo venga a explicar. Yo con esa señora no pienso volver a hablar.
Ya sé que no llego, que Santiago ya ha colgado el teléfono. Como siempre, antes de despedirse. Con lo que me había costado a mí que el hombre dijera "hola" y "adios" y hasta que me preguntara por mí. Y cuando lo consigo, me vuelve a las andadas.
De todos modos, no puedo perder la esperanza. Es que me es imposible, es una cosa que es superior a mi completamente. Ahí sigue la pobre, empecinada en que cuando yo llegue va a suceder algo extraordinario que me permita decirle adios. Tiene una carita... agazapada en una esquinita bajo la mesa. Me mira a mí, mira al reloj, y sigue con ese brillo en los ojos, convencida de que nos dará una oportunidad el destino.
Pero el destino está ocupado en otras cosas., creo...

lunes, 27 de octubre de 2008

cordero con piel de lobo

Iba caminando por un bosque de frondosa vegetación acompañada de mi amigo el ciervo, cuando nos cruzamos con un salvaje lobo blanco. Instintivamente di un paso atrás, pero su figura me despertaba sentimientos encontrados. Por un lado, un lobo salvaje no es precisamente el típico animal del que confiar. Pero por otro lado, la mirada azul y limpia de sus ojos clavándose en los míos contrariaba mi razón. Algo me impulsaba a acercarme a quien, en la lógica, era un enemigo natural. Pero yo tampoco sigo los designios, las rutinas, lo sobrentendido de mi especie. Tópicos. Nunca los he compartido, me entretengo en pisarlos para demostrar su absoluta inutilidad. Eso fue lo que me atrajo de ese lobo blanco, la sensación de que existía en él un mundo interior que yo comprendía. Lo aprendido y lo aprehendido, que no son lo mismo. La lucha contra un mundo exterior inhóspito, la batalla contra un demonio interior, la guerra continua que te aparta del mundo y hasta de ti mismo. Ese nexo común que sin saber porqué, sabía que existía. Mi amigo el ciervo me observó. "Es amigo mío", me dijo. Y seguimos nuestro camino.
Otro dia, observé al lobo blanco por entre la maleza, desde donde no podía verme. Caminaba por una senda, olisqueando flores y admirando la belleza de la naturaleza. Una ardilla cayó del árbol donde se ocultaba a los pies del sorprendido lobo. Él la miró, la olisqueó. El pobre roedor se protegía hecho una bola, temblando. El lobo giro su cabeza, elevó una ceja y continuó su camino. No me sorprendió, yo siempre supe que su actitud de lobo salvaje era poco más que una pose de defensa, y que bajo su fiereza se escondía un alma sensible. A veces coincidíamos con otros animales a beber en las charcas y yo le miraba de reojo, a sabiendas de que él no se había percatado de mi presencia en el bosque, pues yo me mantenía bajo las faldas del ciervo, sin mezclarme mucho con la manada. Pensaba cómo haría para acercarme a entablar amistad con él. Cómo iba un lobo blanco a querer ser amigo de un insignificante y estúpido saltamontes. Yo le veía hablar con el ciervo, con la gineta, con la serpiente, con los zorros... pero cada día me sentía más cercana a él.
Un día el ciervo se cansó de mis inseguridades y me obligó a tratar con los otros animales. El lobo, que siempre había llamado tanto mi atención, pasó a un segundo plano. Eran tantos los animales que ahora paseaban conmigo por el bosque, que no tenía tiempo de plantearme el acoso y derribo de los sistemas de defensa del lobo blanco para llegar hasta él. Ese acercamiento sucedió de una manera natural.
El lobo blanco y yo nos tomamos mucho aprecio, los dos intuíamos ese punto en común, ese mundo interior oculto, esa fachada protectora. Pude poco a poco acercarme a todos los animales, uno a uno. Descubrir la increíble belleza interior del zorro, la tierna inseguridad de la serpiente... y el lobo fue dejando caer sus barreras, aunque siempre con un ojo puesto en su espalda, pues como buen lobo, jamás baja la guardia, siempre atento a lanzar su ataque antes de ser atacado. Yo también, presta a saltar a otra rama antes de que cruja la actual.
Mis patas saltarinas me llevaron de bosque en bosque, pero en las noches de luna llena, subía hasta el más alto árbol y lanzaba al aire mensajes para mis queridos amigos de aquel bosque montañoso tan añorado. Ahí fue cuando, ocultos en la oscuridad de la noche, me llegaron los más profundos y sinceros mensajes de mi amigo el lobo blanco. Sin necesidad de aclarar términos ni definir escenarios concretos, siempre supimos que nos entendíamos el uno al otro. Que nos queríamos incluso antes de poder considerarnos amigos.
Hoy día considero al lobo blanco uno de mis mejores y más valiosos amigos, no necesitamos beber de la misma charca ni cazar juntos para sentirnos unidos. Siendo él un lobo y yo un saltamontes, sabemos que nos entendemos porque en muchas cosas nos parecemos. Sólo que él aúlla en las noches de luna llena y yo rasco mis patas contra mi abdómen en época de celo.
El tiempo pasa para ambos, pero lejos de separarnos, va creando un universo común en el que nos comunicamos aún sin decirnos nada. Disfruto de verle pasear por el bosque y de compartir algún paseo con él. De nuestros mensajes a la luz de la luna. De las imágenes que desprenden sus sueños convertidos en aullar nocturno. De ir aprendiendo cómo es y cómo soy yo.
Cualquiera hubiera dicho que un saltamontes y un lobo blanco no pueden ser amigos. Pero ese mismo cualquiera no puede ver el mundo interior y la sensibilidad extrema que oculta el lobo tras sus fauces, ni puede intuir la inteligencia del saltamontes asustadizo que va de rama en rama, atronando la tarde con su incansable rascar de patas.
Hablar idiomas distintos, no implica ser diferentes. Igual que parecer una cosa, no implica serla. Sólo hay que tener una mente abierta para entender el lenguaje del otro y paciencia para observar y aprender de los animales que nos rodean.

Nightswimming, remembering that night, September's coming soon. I'm pining for the moon. And what if there were two, side by side in orbit, around the fairest sun?
That bright, tight forever drum could not describe nightswimming.
You, I thought I knew you. You, I cannot judge. You, I thought you knew me, this one's laughing quietly, underneath my breath. Nightswimming... deserves a quiet night...

martes, 14 de octubre de 2008

con la carne de punta (y los pelos de gallina)


Pensé que el concierto de Héroes del Silencio sería una especie de hito, pero aún no sabía cuánto me gustaba Extremoduro. Cuánto hemos compartido.
Dos horas y media de emoción a flor de piel, de recuerdos encendidos y abrazos, mordiscos, empujones, alaridos y demás desvaríos. Me faltó Kela. Aún diría que me faltó Nacho, pero Nacho ya no existe y quizás debería empezar a pensarlo.
No era consciente de hasta qué punto han estado siempre allí, desde el principio y sin descanso. En lo bueno y en lo malo. Como un madrimoñio.
Cada nota, cada verso traía enredado un recuerdo que, travieso, se me agarraba de los pelos y me escalaba por las piernas clavándose entre mis cejas...
Y de repente acudieron todos a mi pecho en cascada, arrollando mi sentido del rídiculo e inundando mis ojos de lágrimas de alegría y orgullo. Alegría porque los recuerdos, cuanto más intensos son, más bellos; aunque sean tristes, porque están vivos. Orgullo porque eran tantos que mi cerebro hiperactivo no podía procesarlos, sólo dejarlos desfilar en desorden, haciendo remolinos por los rincones, observando su alocada danza llena de colores, olores, sabores y sinsabores. Orgullo porque llegué a pensar que si alguien me contara mi vida, la envidiaría. Y es mía.

Envidio eso sí, los versos lúcidos del Robe.

No me levanto ni me acuesto día, que malvado cien veces no haya sido (incluso los que nos son suyos toman nueva luz en su boca)

De pensar en ti, me desangro y riego tu jardín.

Voy a empaparme en gasolina una vez más, voy a rasparme a ver si prendo y recorrer de punta a punta la ciudad, quemando nuestros malos sueños.

Soy trozos de lluvia y de sol, siento que se me acaba el calor.
Busco entre tus piernas la fe y hundo mi sol mojado en tu piel.

Sueña con su calavera y viene un perro y se la lleva y aleja las pesadillas dejando en un agujero unas flores amarillas pa acordarse de su pelo.

Me gustaría mucho más que te lavaras la cara sólo las mañanas que te diera la gana.

Las calles desbordadas de soledad, musitan su canción de asfalto y humedad.
La lluvia de gentes cesó a las doce y los escaparates, a oscuras, consumen la noche.

Y por si todo esto hubiera sido poco, después de seis años de sequía (yo creo que han estado reconstruyendo al Robe porque está que se sale), reinventan el rock y nos regalan La Ley Innata (descargar aquí). No puedo parar de escucharlo. Sus melodías arrastran mis emociones con una sencillez intangible, sus versos disparan puntas de flecha que, certeras, atraviesan mi corazón y mis pulmones y me inundan el estómago de sangre hirviendo. Me gustan tanto que duele.

Suena "Segundo movimiento - Lo de Fuera". Momentazo en el concierto, debe ser emocionante saber que tu disco lleva un mes en la calle y tantas personas lo saben ya de memoria.

Se me cae la casa desde que se marchó.
Ahora ya sólo espero el derribo y es que perdí la pista del eje del salón.
Estoy continuamente torcido y ahora sólo pienso en ella.

Buscando mi destino, viviendo en diferido, sin ser, ni oír, ni dar.
Y a cobro revertido quisiera hablar contigo y así sintonizar.

Sueño que empieza otra canción.
Vivo en el eco de su voz, entretenido, sigo la estela de su olor que me susurra: vámonos. Vente conmigo!


Post data: Se llama Teski. Es el tercer ratón en unos meses. Él ha conseguido que deje de ser una señora histérica y me ponga de la suficiente mala hostia como para exigir a la inútil de mi gata que lo arrinconara hasta que yo, con guantes por dios, lo he aferrado de la cola y lo he metido en un bote de salsa de tomate. Vacío. Obvio. Luego cuelgo la foto. Ahora lo tengo sobre mi mesa del curro, dentro del bote, acompañado de un trocín de queso, y tapado por una bolsa para no desconcentrar a mis compis. A ver quién tiene ahora güebos en mi comunidad de negarse a la fumigación. Yo le suelto a Teski y a ver qué pasa... Llevo un cabreooo!

miércoles, 8 de octubre de 2008

ciber-vidas

Tengo un blog (éste), un fotolog, un maiespéis, un féisbuk, un güindous-laif-güereber, una página en yutiub, una página güeb propiamente dicha, soy sucia de varios foros de muy variadas temáticas, tengo 3 direcciones de correo que uso con una relativa asiduidad –además del mésenyer, el eskáip y el chat de yajú– tengo puesto el anuncio de mi habitación en sendas páginas web... y el nombre con el que más me identifico nació como un nick en el IRC.
[Suena Circuit Breaker, de Royksopp, que no me pueden gustar más]
A veces me pregunto cuál de todas mis vidas es la más real, porque llega un momento en que todo este maremagnum toma vida propia y abduce la más tangible por momentos. Paso ratos interminables de mi vida física dedicada a la virtual. Y mi caso no es preocupante. Bueno, eso lo digo yo, lo mismo me pilla un psicoloco y dice lo contrario pero como no les tengo ninguna clase de fe me va a dar igual. Sobre nosotras, ya hablo yo que sé un poco de qué va el sarao.
A lo que iba, que mi caso no me parece preocupante (ya me he rajao). Más que por todo el tiempo que se puede llegar a pasar viviendo en red, por lo que me parece grave es por la intensidad y credulidad con que la gente vive en red. Hay peña que fundamenta su vida emocional en relaciones web-based. Eso no debe ser ni bueno.
Y no estoy entrando a juzgar el tema de la peña que tiene sociopatías y busca amigos/as - novio/a por internet. Yo no juzgo a nadie, no me queda tiempo porque tengo a todo el cuerpo jurídico de mi persona trabajando en mi propio proceso penal. Sólo me intereso por un fenómeno que contiene las claves de la sociedad a la que pertenezco y de la que vendrá.
Culpable sin duda alguna del infantilismo, de la incapacidad para asumir responsabilidades, del egoísmo, de la falta de conciencia de la realidad y de la escasa o nula dedicación al autoconocimiento y la autocrítica de la gran parte de la sociedad primermundista moderna. Y sobre todo y ante todo, la jodida necesidad incontenible de satisfacción inmediata que marca este mundo de impacientes tan poco dados a cualquier sacrificio. Pero yo no juzgo...
Tengo ganas de investigar a esta peña, sus porqués, sus paraqués y sobre todo, su percepción personal de la creciente tendencia de vivir ciber-vidas durante el tiempo físico. Me juego lo que quieras a que les parece lo más normal del mundo.
Lo masticaré bien y luego regurgitaré aquí mis conclusiones.
Aquí, aquí... ¿y esto qué es exactamente?
Quizás debería empezar esta investigación conmigo...

martes, 30 de septiembre de 2008

casi aterrizo con los piños...

Y esta vez no ha sido por torpeza mía. No sería de extrañar. Pero no, ha sido porque un pirado de la vida me persiguió con su "megusto" para demostrarme que la calle era suya y para darme una lección de vida: no todo el mundo respeta la vida humana.
Me incorporé a la circulación con la calma infinita de quien ha acabado su jornada laboral y, por primera tarde en mucho tiempo, no tiene más trabajo y se dispone a preparar un bizcocho de chocolate. Miré, leñe, miré, antes de que pienses mal. Y no venía nadie, quizás asomaba el principio de un coche blanco al fondo del todo, donde comenzaba la calle; si hubiera circulado a 50, no nos hubiéramos ni cruzado. Nada más pisar el asfalto oí el acelerón de ese motor super-válvico e instintivamente me aparté hacia la acera. Menos mal. Me pasó rugiendo un BMW blanco matrícula 9634-BNG a escasos 20 centímetros. Tan cerca que me empujó el aire que arrastraba enzarzado en sus ruedas furiosas. Pité. Antes pensé que no me había visto que pensar que había hecho una inconsciencia así aldreden. Me equivoqué. Tanto, que después de pasarme de largo pisando la línea continua, debió saltarse algún semáforo en rojo porque cien metros después, en el semáforo, cruzando una gran avenida, noto un bólido blanco que se me lanza encima. Con todas mis vísceras en el garganchón me aparto de su empujón, con el único sonido del rugir de su tremendo motor de "megusto" insatisfecho atronando mis pensamientos. Logro evitar el choque lateral con el homicida en potencia y a duras penas la farola que me espera con los brazos en jarras en la esquina contra la que he salido disparada. Tengo que hacer esfuerzos titánicos para evitar a la señora que me mira con pavor aferrada a su carrito de la compra en la acera y finalmente pasar las dos ruedas por el rebaje sin más golpe que el de la garrafa de 6 litros de agua que sale despedida por el movimiento. El muy enfermo se las ha apañado para perseguirme y volver a por mi. El gilipollas sobre ruedas, secuela patética de la obra maestra de Spielberg. Me arranco el casco y me giró con violencia buscando la matrícula del desgraciado. Mi cerebro, borracho de adrenalina, consigue ver lo que mis ojos intuyen y fotografío la placa del loco que se salta un semáforo en rojo ante mi mirada incrédula. 092. Policía local, dígame.
Me informan de que lo mejor es que acuda a la comisaría de la Nacional para denunciar penalmente la conducción temeraria del sujeto y me aseguran que mandan de inmediato una patrulla para interceptarle. Me pongo en marcha con tembleques y en el giro del semáforo que le ví saltarse en rojo, observo que el tipo hizo un giro prohibido de 180º y está parado en la acera de enfrente. El coche está en doble fila vacío. Espero al verde y paro el motor de la moto. No quiero ni cometer infracciones ni llamar la atención del tipejo éste. Sólo quiero comprobar la matrícula. Me acerco por detrás y de repente oigo una voz de toro increpándome. "Niñata, qué quieres ahora, ¿no has tenido suficiente?". Mierda. Lo tengo delante, tapándome la huída hacia mi moto, que me espera en la acera con las llaves puestas y la compra colgando. Estoy atrapada.
El individuo hace caso omiso de mis peticiones de respeto y se dedica a amenazarme sin sentido. Le informo de que le he denunciado a la policía y se ríe de mí, preguntándome dónde están "esos polis", dejando bien claro que estoy sola a su merced. Me asegura que lo que ha hecho conmigo lo hace a diario con otros tantos motoristas, alardea de que gracias a estas maniobras, ha visto muchos "cuerpos cubiertos con la manta", me grita y me insulta mientras se me ríe en la cara... hasta que las amenazas se elevan y, mientras fotografía con la cámara de su móvil la matrícula de mi moto, me asegura que me va a buscar con su camión y me va a "pasar por encima". Llegados a este punto yo he logrado girarle de modo que encuentro un hueco para huir hacia mi moto y salir pitando de la encerrona del cafre éste.
Temblado hasta las cejas me dirijo a la comisaría de la policía nacional, lanzando continuas miradas hacia atrás, por ver si el loco del "megusto" ha decidido seguirme y terminar lo comenzado. Una vez allí se pone en contacto conmigo la policía local quien me informa de que ya ha localizado al sujeto y me anima a que ponga dos denuncias, una por conducción temeraria y otra por amenazas, por la vía penal.
La nacional me pasa a una sala y me pide que les explique los hechos. Mientras esperamos a que llegue la patrulla de la local que le ha tomado los datos y declaración sobre lo sucedido, yo me siento y voy dando forma a mis pensamientos...
Es obvio que no es la primera vez que este individuo maltrata a una mujer. Es más, como en ningún momento me quité el casco porque temí que me pegara, desde el principio, él pensó todo el rato que hablaba con una chica de escasos veinte años, lo cual no le resultó obstáculo para amenazarme de muerte. Parecía disfrutar con su pavonerías y bravuconerías mientras me cerraba el camino y pegaba su metro ochenta a mi cara. Se le veía encantado de hacerse el chulo delante de una niña de 20 años asustada. Este tío debe tener alguna otra denuncia con toda seguridad. Eso en principio, correría a mi favor, pero lo cierto es que en todo caso se trata de mi palabra contra la suya. Tanto en la denuncia administrativa por conducción temeraria como en la penal por amenazas. Es más que probable que la denuncia no llegue a buen puerto por falta de pruebas. Y lo que es peor es que en el proceso judicial este tipejo peligroso obtendrá mis datos, mi dirección... peligroso porque, como se ha demostrado en este país de enfermos mentales, la violencia en el trato con otros seres humanos no está todo lo penada que debiera y muchas veces no se toma en serio la actitud enfermiza de algunos personajes hasta que otro ser humano pierde la vida. No tengo interés en ser una cifra de la estadística. Prefiero ser una persona viva.
Sé que peco de cobarde. Pero también de precavida. Sólo presenté la denuncia administrativa por conducción temeraria, tras asegurarme de que -de ninguna manera y jamás de los jamases- este personaje pudiera averiguar ningún dato sobre mí durante el trámite de ésta. La denuncia por la vía penal por las amenazas proferidas contra mi persona me espera en la mesa de la comisaría del Rabal. No me atreví a cursarla.
Por la noche salí a por nueces y andaba como un fugitivo, lanzando miradas por encima de los coches en busca del puto "megusto" blanco. No llegué a la tienda. Me volví antes. Tengo miedo. Y me jode, pero tengo miedo. Instinto de supervivencia, será.
Los malditos "megusto". Siempre me habían caído gordos, pero con el tiempo, les cojo más manía. Ese repugnante personaje que se compra un coche potente como si eso fuera a aumentar el tamaño de sus genitales, porque el de su cerebro es imposible, en tanto en cuanto el vacío no crece. Ese ser infrahumano que necesita demostrar al débil cuánto más fuerte es él en comparación. Ese pichafloja que necesita aparentar la potencia de la que carece. Ese típico machote que se compra un BMW porque "me gusta conducir". No, hijo, no, a tí lo que te gustaría es gustarte a ti mismo. Pero ni eso. Por eso vas con un "megusto" por la vida, a ver si consigues que los demás se crean todas las mentiras que ni tú te crees de ti mismo.
No te equivoques, no me das miedo tú. Me da miedo lo imbécil e inconsciente que eres, y la incapacidad física y orgánica que sufres para ver las consecuencias de tus actos. Me da miedo que el mundo no está preparado para protegerte de ti mismo y protegernos a los demás. Pero tú, tú me las traes floja, chaval.

PS. Suena El Loco, de Alice, el mejor grupo de rock salido de las entrañas de esta ciudad enferma.

martes, 23 de septiembre de 2008

aterriZaje forZoso

He caído con poca delicadeza. Como acostumbro. Yo no aterrizo, yo patapumbo.
Suena High and Dry, de Radiohead.
Vuelvo de mi periplo emocio-pirenaico con el cerebro licuado en mocos infinitos, el pecho tan cargado que voy silbando barruntos y gorgojos, y muy pocas ganas de retomar mi rutina.
Encima fuera llueve. Por si fuera poco.
Me sueno los mocos que arrastran pensamientos ínfimos, como si quisiera vaciar mi mente de lo que no quiere ni empezar a pensar, porque ella sabe que no nos interesa, ni a ti ni a mi.
Comienzo caminos que abandono por el primer atajo que encuentro. Me dejo llevar por la corriente del tempus fugit y carpo mis diem sin mala conciencia. Al que no piensa esto no le afecta.
Este cielo blanco me atosiga y fulmina mi tímida sonrisa cada vez que intento despejarlo con mi mirada de rayos Z.
Zozobro por mi casa sin remedio y me niego la posibilidad de ponerme a pensar y ordenar todas las cosas que debo.
Zascandileo por las carpetas de mi ordenador sin remedio porque mi cerebro mononeuronal está trabajando a máximo rendimiento en la retaguardia y no puede calcular guías ni cajas de texto al ritmo necesario.
Zarandeo mis sentimientos para que suelten todo lo que llevan en los bolsillos y se vayan de mí sin tomar nada a cambio.
Zigzageo entre recuerdos, miedos y esperanzas, aunque no quiero.
Zurzo mi presente para diseñar un futuro que me siente bien en las caderas y que me guste a mí y sólo a mí, que soy quien hay al otro lado del espejo.
Zanjo de un plumazo pensamientos y ensueños absurdos porque no quiero tener tiempo ni para ellos ni para sus ruidosos amigos.
Zumbando de un lado a otro porque quiero exprimir mis momentos con sencillez y sin dejar resquicios a la melancolía. No todavía.
Zzzzz... querría dormir mi día y retomar en la noche los recuerdos de las caricias, la ternura de la amiga que fabrica en un minuto la rutina de seis años perdida, la deshinibición de saberme entendida y la de disfrutar de provocar sus retinas podridas.
La contradicción nuestra de cada día.
Es Zurdo.