jueves, 29 de mayo de 2008

las lluvias están cabezotas


He puesto esta preciosa foto en mi escritorio. Suena Kids, de MGMT. Me invade la ternura cada vez que cambio de programa y me la encuentro mirándome con desparpajo, vuelvo a sentir el peso calentito de mi sobri jugando al circo encima de mi pobre cuerpo siesteante. Me huele a lapicero y a piel de naranja, que por algún extraño motivo es el olor que desprenden los niños cuando sudan. Es el olor de la vida que anuncia mil sorpresas, como si todo el año fuera verano.

Mañana es el último día de llegar al curro a las 9 y veinte. El lunes empezaré a llegar a las 8 y veinte. Hombre, mejor si llegara a las 8, pero como eso no va a pasar, ¿para qué ponerme metas inalcanzables y augurarme un fracaso seguro? No me quiero tan mal. Ya lo dije un día, a veces, me quiero. Y a veces me quiero tirar de un puente... pero no lo hago que me da miedo hacerme daño.
Empieza el "horario de verano" (léase con voz profunda y un chán-chán-chán de fondo).
Pero miro el tiempo en la pantalla de información del ordenador y sólo salen esas terribles líneas de agua que salpican en la pantalla, salpican mi mirada y la entristecen de inmediato. Jolines, no lo entiendo, tendría que estar haciendo mucho mejor tiempo, me lo merezco; a mí me luce Lorenzo por dentro que deslumbra, chico. E insisto, a mi la milonga esa de que es bueno que llueva no me ha convencido nunca, que llueva encima del embalse y del campo, pero en la ciudad es una mandanga: retrasa las obras de la Expo, ensucia las calles, atora las alcantarillas y, encima, me moja el falso techo de madera. Ay, que las goteras de mi piso y de mi espalda, paarece que no hay quien las cierre.
Al menos, agradezco infinito que entre nubarrón y nubarrón luzca un sol cabezota sobre mi cabeza aún más dura. Inasequible al desaliento, el tiempo corre a mi favor (homenajes a la pirada de mi madre, que a veces da en el clavo cuando me define), y continuo haciendo planes porque tengo que aprovechar mis seis meses de vida antes de que el invierno me encierre en mi cueva de nuevo. A ver si despeja un poco, que ya tengo ganitas de empezar a terracear hasta las tantas, de sentir que el tiempo es mío y que puedo hacer con él lo que quiera...
Ah! y me he apuntado a lo de bizi zaragoza (<-clica), por eso de que las bicicletas son para el verano.
Si es que aquí el único que no se ha enterado de que es verano es el clima, que el pobre con esto del cambio climático no sabe por dónde le sopla el viento.

miércoles, 14 de mayo de 2008

happy ending

Bueeeeno, pues yo en mi estilo, mil cosas a la vez... córtalas en trocitos, añade un poco de canela, un yogur, una galleta, un poco de leche y a la batidora. Me encantan los batidos. Alimentan y no frenan. Como mi vida misma...
Se asoma tras la puerta la mirada maliciosa de una traca de cambios a punto de comenzar su danza enfermiza de estallidos a mi alrededor, y yo me quedo aquí en medio, sentada pero sin cruzar las piernas –por si hay que salir corriendo– mirándolo todo con ojos de curiosidad y escepticismo... y sólo me sale reirme, ¿qué voy a hacer?
Ya está bien así. Tampoco es plan de aburrirse, que para eso ya habíamos quedado en que siempre hay tiempo. Además, como siempre, me sonríe la suerte y me lanza su regalo envenenado de cara al verano, cuando el sol, el calorcito y el cielo azul me fortalecen y me hinchan el pecho de carcajadas para todos los gustos, situaciones y sensaciones. Cuando me convierto en un gigante que recorre mi mundo interior con las botas de mil leguas y bebe sin miedo de las aguas del conocimiento más escondido, rueda por las laderas de la incertidumbre como una avalancha y sube a su inseguridad al escenario del escarnio público. Cuando todo me importa un poco un pepino.
De verdad que a veces me sorprende mi buen humor, me veo incapaz de no verle el lado positivo a las cosas. No quiero decir que no me tome en serio los problemas o las situaciones complejas, es sólo que siento que todo tiene solución y que buscarla forma parte del proceso más interesante que conozco, el de aprender. Cuando sucede algo que me contraría y parece que me quiero agobiar, sopla una brisilla e instantáneamente como que lo voy viendo de otra manera; sopla otra volada y empieza a tener mucha mejor pinta; sopla un tercer airecillo insignificante y ya siento que todo saldrá bien seguro, que aprenderemos cosas, que se plantearán nuevas y estimulantes situaciones... va a ser tan divertido!
Esto de vivir es la leche.
Vamos que creo a pies juntillas en el "happy ending", haga lo que haga, no lo puedo evitar.
Y tampoco es que lo intente mucho.
Sería de tontos.
Lleva lloviendo a cántaros toda la semana y el cielo encapotado se niega a darle tregua a mis ojos. Pero me da igual porque esta luz me los pone entre gris y verde, que queda muy bonito, y tengo las baterías con carga más que suficiente para ir tirando hasta el fin de semana. Ya pueden caer chuzos de punta que voy a ser feliz como una perdiz, rebozándome en los bellos recuerdos de mis "domingos infinitos", saltando de cabeza a la piscina del buen rollito de los regresos esperados, abrigándome con el manto de comprensión de la amiga del alma...
Si es que, si no fuera feliz, sería de cárcel!

lunes, 5 de mayo de 2008

me gusta ser críptica

Presenté este micro relato a un concurso... pero no gané.
Da igual, me lo pasé bien imaginándolo. Y me vino bien también el ver que todavía soy capaz de inventar un relato y darle forma en media hora. Observo que sigo disfrutando con las imágenes un poco crípticas, los ambientes oscuros... estas cosas tan mías.
Agradezco comentarios... ;P


LA MUDANZA

Cuando nos mudamos supe que todo había acabado. Dejamos todo por ella. Pasé de ser un tipo respetado a un donadie sin vida social ni otra ocupación que estar en casa, esperando que llegara del trabajo. Culpé del distanciamiento a sus compañeros, comerciales que pasaban el día de bares, pavoneándose, humillándose entre sí. Pasaba las horas sólo, incapaz de ir a una cama sin ella, rabiando de celos, sintiéndola cada vez más lejos. Enloquecía las noches de insomnio. Odiaba su nueva vida, su nuevo trabajo, no estaba dispuesto a perdela; era mía, siempre lo había sido. Un día la ataqué. Logró calmarme, llorando, me dio mil besos y manchó mi cara con su sangre. Pero esos malditos la acechaban como perros de presa; podía olerlos en su piel cuando volvía. No podía soportarlo. Ciego de ira, esperé a que durmiera y, como un salvaje, mordí su cuello. Despertó intentado desasirse de mí. Su sangre brotaba entre mis labios. Cayó al suelo. Yo junto a ella, llorando. Al fín la tenía a mi lado. Decidí dejarme morir allí mismo. Días más tarde, los bomberos echaron la puerta abajo. No pude ni levantarme. Lo último que oí fue: “llevaos al chucho”.

viernes, 4 de abril de 2008

va por ustedes

Hace más de dos años andaba muy perdida entre emociones, sentimientos y pensamientos varios... no es que esté mucho más ubicada pero, en fin, poco a poco. Es obvio que sigo un poco perdida, pero hay algo que sí he aprendido: a relativizar y a valorar las cosas en su justa medida.
Ayer lo hablaba con una amiga, me oía a mí misma decirlo y me sorprendía no haberme dado cuenta de lo feliz que me está haciendo haber entrado en este proceso. Resulta fácil de decir e incluso de pensar, pero no es tan sencillo. Como todo, con el tiempo y la experiencia va saliendo mejor. Antes pensaba: "¿me estaré volviendo fría?". No, Irene, estás dejando de comportarte como una adolescente. Pensaba que antes lo sentía todo con más intensidad, tanto lo bueno como lo malo, y que era una pena perder la intensidad extrema de lo bueno en pos de sufrir menos. Valiente chorrada. Tiendo a recordar las cosas buenas pasadas como si hubieran sido la leche y minimizar lo que fue malo.
Aún así, relativizar se me da mejor que valorar. Me recuerdo tantas veces en mi vida diciéndome a mí misma: "con el tiempo, esto no será nada". Esa ha sido una de mis máximas, desde que volvía a casa con las notas en el bus del cole, medio llorando, medio riendo, cantándome al oído "ay ay ay ay, canta y no llores...". Ja ja ja, siempre me he consolado muy bien. Con el tiempo cambié el "Canta y no llores" por una de las más preciosas canciones que se hayan jamás escrito: "Was it all worth it" de Queen. Cada vez que le oígo decir "yeah, it was a worthwhile experience" se me ponen los pelos de punta. Siempre, siempre, mereció la pena. Cuando Freddy escribió esta canción sabía que iba a morir pronto y seguía pensando que había merecido la pena vivir con tantas ganas y disfrutar tanto de todo. No esperar nada a cambio sino apreciar la vida y lo que a uno le ofrece en su justa medida, es decir, sin mesura.
Bueno, a lo que iba, que todos estos procesos evolutivos de relativización y valoración me han enseñado a querer más y mejor a mis amigos. A no esperar nada de ellos sino a agradecer cada gesto, cada apoyo, cada uno de los pequeños detalles que me dedican y que hacen que mi vida sea más bonita. A comprender sus momentos como ellos comprenden los míos. A llevar la comprensión y la empatía a la categoría de arte. Tener un amigo es algo tan imprescindible como saber cuidarlo.
Soy tan absolutamente afortunada que a veces me da miedo no merecerlo. Cuánta gente me quiere y dedica ratos de su vida a pensar en mi, a ayudarme, a sentir cariño hacia mí. Es impensable. Nunca, jamás creí que a mis treinta años sería tan importante para tantas personas. Escucho a Freddy decir que todo mereció la pena, me veo con la carita apoyada en el cristal del autocar y lo tengo claro... todo esto mereció la pena gracias a vosotr@s! Cada uno en su momento, habéis hecho que esto merezca la pena. Coño, que sea hasta divertido.
Gracias por elegirme. Gracias por aguantarme. Gracias por perdonarme. Gracias por comprenderme. Gracias por escucharme. Gracias por reirme las gracias. Gracias por escuchar mi penas. Gracias por aconsejarme. Gracias por decirme las verdades que me negaba. Gracias por acompañarme donde no queríais ir. Gracias por divertiros conmigo. Gracias por entender lo incomprensible. Gracias por no entenderlo. Gracias por confiar en mí. Gracias por cuidarme. Gracias por no fallarme. Gracias por hacerlo. Gracias por contarme vuestros secretos. Gracias por guardar los míos. Gracias por permitir que siga siendo como soy. Gracias por ayudarme a evolucionar. Gracias por pensar en mi. Gracias por ponerme a caldo a mis espaldas. Gracias por hacerlo a mi cara. Gracias por quererme a lo largo del tiempo. Gracias por hacerme sentir un poco más segura. Gracias por todo.
Os quiero con cada poro de mi piel.
Y voy a cuidaros porque valéis mucho para mí.

lunes, 24 de marzo de 2008

de regreso

Por fin me quité la manta que cayó sobre mis altavoces y opacaba la música que me guía.
Llené los pulmones de una maldita vez sin que un intenso dolor oprimiera mi pecho.
No por más sufrir la voy a querer más.
Disfrutar de mi felicidad también me recuerda a ella, pero ya no duele tanto.
Me costaba salir, la verdad.
Ahora parece que me va saliendo mejor.
Dediqué a mis almas perdidas muchos momentos de placer. Me ayuda. Aunque a los muertos no les llegue, porque ya no existen. Pero yo sí, y su recuerdo en mí también. Así que en realidad, dediqué esos momentos a mis recuerdos.
Quería cambiar de tercio.
Tengo un fotolog y allí colgué un cuento. Será un buen motivo.
Resulta que en la editorial donde trabajo somos varios a los que nos gusta esto de la ilustración, así que en una colección de libros sobre Aragón que se estaba editando, decidieron que unos breves cuentos que incluían serían ilustrados por nosotros. A mi me tocó uno oriundo del bajo Aragón. El asunto es que pensaba recordar bien el cuento y el otro día decidí escribirlo en este fotolog que os comento... para ilustrar mi opinión sobre la situación política (más o menos). Lo curioso es que, cuando lo escribí, no tenía a mano un ejemplar del libro donde se publicó el cuento junto a mis dibujos y lo reescribí de memoria. Cuando llegué a casa y lo leí en el libro, no cabía en mí de mi asombro. No tenían nada que ver. Sí, el protagonista, un cuervo blanco. Y la verdad, el mío me gusta mucho más. Os pongo aquí el mío, basado lejanamente en un cuento turolense que no os voy a contar porque no me gustó mucho después de encontrarme con el mío. Y el dibujo, claro.


Ser diferente

Odio a la gente. Siempre la he odiado. La desprecio, no porque sean inferiores sino porque así lo creen; no porque lancen su ataque antes de confiar en la bondad del otro o incluso en la eficacia de su defensa... si no por la misma naturaleza de ese ataque: perpetuar la ignorancia y no evolucionar por miedo a descubrir que no alcanzan. Me repugna la gente no por ser gente, sino por estrangular la voz del individuo que pueda empujar a otros a salir del rebaño, dejando al puto vago intelectual en minoría. Odio a la gente porque quiere ser gente. La odio porque persigue al individuo sin contemplaciones y porque usa su más miserable arma: la potencia arrolladora de saberse parte de una masa mayoritaria.
Me declaro individuo. No porque lo sea, sino porque quiero serlo.
En la rica tradición literaria aragonesa hay un precioso cuento que nos ilustra sobre la absoluta incapacidad de la gente para valorar a los individuos. La trágica inseguridad de quien se sabe inferior al otro, que le obliga a pisar a su compañero para asegurar la supervivencia de su miserable genética mayoritaria.
En un pequeño pueblo de Teruel (sí, existe...), hace mucho tiempo, nació un cuervo blanco. Su madre, cuando lo vio asomar tras la cáscara de su huevo, lo miró sorprendida. Lo lamió pensando que estaba sucio, pero su pelaje era demasiado claro para ser un cuervo. Aún así, lo alimentó y cuidó, como al resto de su progenie. Los pajarillos fueron creciendo y llegó el día de volar en solitario. Cada cuervito tomó un camino y nuestro pequeño se dirigió a la preciosa torre mudéjar del pueblo contiguo. Anidó en el tejado y comenzó a amueblar su casa.
Las gentes del pueblo lo miraban contrariados, "¿un cuervo blanco?". Algunos estaban encantados por la originalidad de su aspecto, otros admiraban el brillo incomparable de su plumaje albino... pero la mayoría del pueblo lo observaba con recelo porque nunca antes se había visto tal cosa por esos lares. En seguida, todo el pueblo comenzó a achacar cualquier evento a la presencia del cuervo blanco en la torre de su iglesia. El aborto de una mula, la caída de una teja, el amargor de un caldo, el catarro de un bebé... todo lo malo que sucedía, parecía ser culpa del pobre pajarillo que, ajeno a estos acontecimientos, disfrutaba jugando con las ramas de su nido y divagando al atardecer sobre la infinita belleza de la puesta del sol en la sierra turolense. Un día, el párroco, resbaló en las escaleras de la iglesia con una cagadilla del pobre cuervo blanco. "Infamia, blasfemia, es un discípulo de Satán que ha venido a nuestro pueblo a sembrar la desgracia y el pecado", sentenció el cura enfadado en la prédica del día siguiente.
El pueblo se dividió. Unos pocos defendían el derecho a la vida de ese curioso ejemplar de cuervo nunca visto, cuyo único pecado era común a todos los pájaros, cagar hacia abajo. Pero la mayoría, asustados por el miedo a lo desconocido y jaleados por las palabras del cura, acusaban al cuervo de traer desgracias a la comarca.
Así, como la mayoría manda, a pesar de no haberse puesto de acuerdo en las medidas a tomar, un cazador se levantó temprano y salió con su escopeta al tejado de su casa, cercano a la torre de la iglesia. Apuntó al cuervo blanco y éste le miró con curiosidad, "qué bonito y qué brillante es ese objeto que sujeta mi amigo Paco".
Un certero disparo acabó con la vida del único cuervo blanco.
En seguida el populacho atribuyó a su desaparición cualquier pequeña cosa buena que sucedía en la aldea: el parto de una vaca, el intenso y dulce aroma de las flores primaverales, la bonanza del tiempo...
Hechos comunes, que en nada habían cambiado, ni antes, ni después de la llegada de aquel pobre pájaro.
Incluso los que lo habían defendido, prefierieron que ya no estuviera, porque se había convertido en motivo de disputas entre los vecinos.


Por eso, para los simples, es mejor que no vengan muchos diferentes, no porque sean malos ni buenos, es que son incómodos, porque te obligan a pensar que cada uno vale por sí mismo, no por pertencer a un grupo. Verdad, Rajoy?

martes, 11 de marzo de 2008

mi tía Isabel

No hay palabras para expresar todo lo que ella era.
Ayer se dijeron cosas preciosas sobre ella. En cada letra del diccionario, hay una palabra que la define pero que se queda corta para abarcarla en toda su amplitud.
Amor, bondad, cariño, "chufabea", decidida, ESPECIAL, franqueza, generosidad, humildad, integridad, justicia, kilómetros, libros, mujer, niñera, orgullo, pedagogía, quimérica, rebeldía, serenidad, tía, única, viajera, Westfalia, x, y, z: como las coordenadas de un mapamundi tridimensional que me regaló hace años y me descubrió que el mundo no era como yo me pensaba. Tantas veces me descubrió el mundo. A tantas personas.
Hoy sólo puedo alegrarme de una cosa, con su mano en la mía, hice acopio de todas mis fuerzas y logré decirle, por fin: eres una mujer muy especial. No pude volver a hablar con ella.
Tía, perdóname por mi miserable cobardía emocional, por no haberte dicho tantas veces como merecías, todo lo que significabas para mí... nunca asumí que el tiempo para decírtelo era limitado. Espero haber aprendido una lección de vida y no tener que arrepentirme jamás de no compartir mi felicidad con quien me la regala. Le dije a tu madre, entre lágrimas, todo lo que debí decirte a ti, pero al menos la llené de orgullo por haber criado a una mujer tan excepcional. Cuidaré de mi abuela, ahora que no estás tú para hacerlo.
Isabel, qué ejemplo de integridad humana. Murió como vivió, pendiente de nosotros antes que de sí misma. Nunca se irá del todo, vivirá en nuestros corazones para siempre.
Te voy a echar de menos el resto de mi vida.

Aprovechando el jardín de la casa de Ansó, que tanto le gustaba, charlando durante horas.

En el bautizo de su "sobrino-nieto" Jorge. Siempre pendiente de nosotros. Nunca olvidaré las visitas a su casa de Alcañiz. Qué felices nos hacía. Y nosotros a ella...



No le gustaban nada las fotos, las huía con maestría, pero siempre me las apañaba para robarle alguna.

martes, 4 de marzo de 2008

aviso para navegant@s

Me he enterado de que a veces entráis y que tras vuestra visita, cual vulgares delincuentes, os preocupáis de no dejar huellas de vuestra presencia en el escenario del crimen.
Lo entiendo, pero no lo comparto. La falta de insipiración, ni la cobardía, tienen cabida después de rebuscar entre mis cajones, revolver mi ropa interior, olisquear entre mis pelos, invadir mi más profunda intimidad, los sentimientos que salen de mí a borbotones, los pensamientos que se mueven por mi alma desgarrada como un elefante en una cacharrería.
Un "hola, aquí estuve"; un "qué girada estás Irene"; un "no entiendo nada"; un "sí lo entendí"; un "anuncian que la semana que viene hará sol"; un soplo de vida... un poco de feedback. O simplemente un aviso para que sepa quién me lee y quién no, para medir o no mis palabras... ja ja ja, o para radicalizarlas y lanzarlas como escupitajos verdes contra las paredes de sus casas.
O simplemente para saber quién recorre a nuestro lado este extraño camino que comenzamos sabiéndonos solas y ahora continuamos en la penumbra, rodeadas de intrigantes ruidos de ramitas que se parten bajo los pies de nuestros perseguidores y respiraciones entrecortadas de caras desconocidas... aquel que camina junto a ti pero no muestra su cara, o desconoce lo que significa para ti su compañía, o prefiere no saberlo.
Sé que me leéis. Firmad en mi libro de visitas ("comentarios"). Gracias.

martes, 26 de febrero de 2008

caminín caminando

Parece que despacio y con dudas, pero el cielo quiere al fin mostrar su cara más amable.
Conforme avanzan los días el blanco del cielo intenta ser menos opaco. El azul reflejado del mar quiere tenderme su mano porque sabe que le necesito. Bastante tengo con tener sus saladas aguas lejos, con perder su aroma en mi piel, con no tenerle rozándome y dejándome pegajosa a cada paso... bastante es... que el azul de mis ojos no pueda apoyarse en su regazo.
Se están volviendo grises, tan opacos que no reaccionan ante la luz y mis retinas se queman con los rayos de maldad que expulsa esta niebla maldita, atascada en el cielo, como la sangre que corre por mis venas, espesa, que amenaza con lanzarse a la huelga y abandonarme a mi suerte.
¿Dónde está el Cierzo que haya de arrancar estos apestosos jirones de invierno de las ramas de los árboles? ¿Porqué no viene a elevarme por los aires, y a agitarme, y a herirme con su rabia contenida, a hacerme sentir viva? ¿Qué me demostrará hoy que respiro y continuo latiendo si me hundo en las arenas movedizas de la apatía y soy incapaz de levantar mis brazos? ¿Cómo respiraré si mi boca se llena del barro negruzco de la Nada que acabó con Fantasía? ¿Quién me dará un nuevo nombre?
No soporto el blanco en el cielo. Es el color de la muerte.
Pero intuyo la llegada de otro sabor más dulce, el de los días soleados que me regalen sonrisas fáciles y me demuestren que, a pesar de parecer quieta, he avanzado un poco en el camino. Cuando pueda mirar a mi alrededor y ver que lo que me rodea ha cambiado, me sentiré un poco menos débil. Podré caminar más rápido, sé que sentiré mi cuerpo más liviano y, como tantas veces, me daré cuenta de que mis sentimientos negativos sólo me tapan los ojos... ni siquiera consiguen atar mis pies y frenarlos. Aunque no pueda verlo en esta luminosidad cegadora, caminín caminando, voy avanzando.
¡Jódete inverno, este año te robé un mes y no vas a poder recuperarlo!

martes, 19 de febrero de 2008

las melodías de mi alma

Mi alma, otra de esas extrañas con las que comparto cuerpo.
No me preguntes porqué, el nombre se lo puso ella.
Ahora se ha empeñado en que quiere dar su opinión.
Habrase visto.
Pero chico, hoy no tengo el día para llevarle la contraria a nadie.
Estoy un poco intratable.
Así que le he hecho un hueco arriba a la derecha y he conseguido que se calle un rato.
Ha durado poco ese rato.
Resulta que mi alma no habla, canta.
Puedes dejarle cantar a su aire o preguntarle cosas.
Se va a quedar aquí con nosotros.
Si te agobia, sólo tienes que darle al botón de "pause"...
Sin más.

lunes, 11 de febrero de 2008

¿quién me pone la pierna encima?

Cinco meses de dolor amenazan con derrumbar mi infranqueable voluntad.
A estas alturas no me creo que esto sea un lumbago. A estas alturas no creo en la medicina tradicional. A estas alturas no concibo qué diantres pasa conmigo. ¿Alguien me ha echado mal de ojo?
Nunca pensé que existía realmente el límite de este cuerpo. Parecía tan fuerte y tan manejable. Tanto que no había tenido la necesidad de tenerlo presente hasta ahora. Alejada de las tesis de Platón, mi cuerpo no era una cárcel sino un excelente vehículo para los deseos de exploración de mi alma inquieta.
Sin embargo últimamente todo parece girar en torno a mi estado físico. De un tiempo a esta parte, es un no parar. Todo comenzó con un inoportuno resbalón, corriendo tras el bus a Zaragoza, en el otoño del 2005. Lo que normalmente no hubiera sido nada, dada mi fuerte naturaleza, insospechadamente resultó ser un esguince de rodilla. Tras éste, el lanzamiento de una puerta acristalada de supermercado por parte de un ama de casa enrabietada por mi lentitud, me regaló una fisura en un dedo. Extraña broma del destino, una irregularidad en el asfalto, sumada a un coche mal aparcado y mis reflejos ralentizados, me trajo la que pensaba que sería la lesión que iba a marcar el final de una época un poco ceniza. Cerré "al más puro estilo bucanero" un ciclo porque a mí me dio la gana. Pero no fue así, una invernal rotura de tímpano que me ha dejado un sordo regalo y un torpe esguince primaveral quisieron unir la recuperación de una lesión con la llegada de la siguiente. No voy a decir que esta última haya de ser la última (valga la rebuznancia) porque prefiero no entrar en terrenos farragosos. Pero esto ya se pasa de castaño oscuro.
Yo tengo paciencia y pundonor, como los jugadores de fútbol clásicos, pero maldita sea "¿quién me pone la pierna encima?"...